MISS VALENTINA

Me gusta el sabor de las nubes de azúcar, cuando al fuego del atardecer se tiñen de rosa...

Y me encanta sentir el otoño reflejado en el agua de los charcos, correr contra el viento en las mañanas grises...

Mi caja de costura es como un baúl de tesoritos del Puente Vecchio. En ella conservo el olor de sus trattorias y de aquel chocolate caliente...

No hay cinta capaz de medir la distancia que estaría dispuesta a recorrer por contemplar las maravillas de Le Marais o de Covent Garden... y aceptaría sin dudarlo caer en el más profundo de los sueños por pincharme con una rueca de cualquiera de los talleres de Milán.

Mis recuerdos... Mis recuerdos son retales cortados con tijeras de plata. Mi cabello es tan fino como los hilos de seda, pestañas de alfileres, piel de angora. Mis abrazos son de lana, mis caricias de alpaca, y mis besos son pequeños botones de nácar.

Me gusta escuchar las risas de los niños en el jardín, el sonido de sus pies, de sus zapatos sobre la hierba, corriendo, saltando, jugando a ser sólo niños, sólo jugando.

Entonces soy feliz y me duermo tranquila, sabiendo que en los días de calor y en las tormentas de verano, con el rocío del otoño o las nieves de invierno, y en primavera, cuando la brisa del mar al caer la noche haga estremecer sus bracitos de seda, yo estaré ahí... para arroparlos.

Miss Valentina.